Marega, Alexis Matías
Abogado. Doctorando en Ciencias Jurídicas (UCA Santa Fe)
Argentina


I. Introducción

En el presente se busca analizar cómo la inteligencia artificial (IA) está irrumpiendo fuertemente en el mundo no solo de la computación, sino también en la industria automotriz, aeroespacial, petrolífera, de geolocalización e incluso en el mundo social mediante los sistemas de control y seguimiento, seguridad y aplicaciones de ocio para móviles.

Este nivel de injerencia en todos los aspectos del desarrollo humano trae consigo consecuencias no previstas para el desenvolvimiento del sujeto, en lo vinculado con los derechos humanos, con la exposición desmesurada de la imagen, de la confusión entre lo público y lo privado y, en lo que fundamentalmente nos interesa en este artículo, a la intimidad.

Partiendo de la teoría de los sistemas (1) y de la teoría de los sistemas complejos (2), se analizará el impacto de la IA y la vinculación que tiene con el desenvolvimiento social de las personas humanas, los cambios conductuales que esta genera y cómo, haciendo uso de esta misma tecnología, podemos protegernos.

II. La inteligencia artificial

No es objeto del presente artículo efectuar un análisis de la IA, sino que solamente se repasarán los conceptos clave que entendemos suficiente para comprender el tema y enmarcarlo en lo que aquí interesa.

La inteligencia artificial se presenta como un concepto complejo, de múltiples y variadas interpretaciones según el ámbito en la cual se la vaya a utilizar. En palabras del finlandés Rouhiainen, puede definirse como la capacidad de las máquinas para usar algoritmos, aprender de los datos y utilizar lo aprendido en la toma de decisiones tal y como lo haría un ser humano (3). Esto es, la IA se presenta (o apunta a presentarse) como una copia de la forma de pensar humana y, por lo tanto, se inspira en la forma de funcionamiento del cerebro humano. Toma datos del mundo circundante y los utiliza para decidir cuestiones.

Esto, que hace muchos años se veía en las películas de ciencia ficción, lo utilizamos a diario casi sin darnos cuenta. Cuando en el Google Maps indicamos que queremos llegar a una dirección, el sistema de IA de Google escoge autónomamente la ruta y para ello utiliza todos los datos con los que cuenta, ya sea de la red como también de los datos que recoge de nuestra propia utilización del programa, aprendiendo la velocidad recurrente a la que conducimos, las zonas que queremos evitar, el clima, los cortes de ruta, la existencia de peajes, el tipo de suelo (asfalto, sin asfaltar, ripio). Y cuando nos desviamos, automáticamente escoge otra ruta para poder llegar al destino indicado. No tiene una ruta predeterminada y no hay un experto en programación indicando cuáles rutas están cortadas en determinado momento, sino que todos esos datos los recoge de su entorno circundante y los utiliza para tomar decisiones.

Otro ejemplo sencillo de ver es cuando realizamos preguntas a los asistentes virtuales (Alexa, Hogar, Siri, etc.), y le decimos, por ejemplo: «reproduce música alegre» o «dime cuáles son las últimas noticias», o le consultamos «cómo estará el tiempo mañana», y nos devuelve una repuesta acorde. Y mientras más lo utilicemos, más sabrá cuál es «música alegre» para el usuario, de cuál diario preferimos las noticias o aprenderá a indicarnos «lleva paraguas», si el horario en el que consultamos el estado del tiempo es en el horario que solemos salir de casa….

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